LOS BERRINCHES DE UN OBSERVADOR


(Ricardo Torres Peña)
Sólo la mitad de los chilenos comparte los berrinches de Segundo Ramón, un observador social que es parte de la historia contemporánea de la educación. Sus disgustos o enfados se manifiestan de modo claro y aparatoso. Entrega cifras, datos, encuestas, números, etc. para descifrar o entender el problema de la educación en Chile.
Al entregar sus opiniones de lo que ocurrirá en las próximas décadas recuerda que en su época de estudiante la educación era mayoritariamente pública, recién comenzaba a vislumbrarse la educación privada y la famosa educación semi-pública “parecía una solución adecuada para la demanda educacional interna”.
Pero reconoce que con los años cambió su objetivo básico. La disyuntiva de algunos padres de querer “sectorizarse” en relación a la educación de sus hijos llevó a separar y segmentar a la población chilena en los que podían pagar por una educación de calidad importante versus las familias de bajos recursos que debían conformarse con la educación entregada por el Estado “que era muy deficiente y anacrónica”.
Según el crítico observador, la forma de cómo se estaban educando y formando los chilenos ha cambiando el paradigma con el cual había soñado el presidente Pedro Aguirre Cerda, “la que a medida que transcurrían los años se fue cayendo a pedazos”.
TODO HA
CAMBIADO
Señala que en la década del 30 Chile fue gobernado por el presidente radical Pedro Aguirre Cerda cuya consigna era “Gobernar es educar”. Para Ramón fue el presidente quien puso las bases de la educación pública en Chile, “una educación que se fue deteriorando poco a poco debido a la falta de políticas públicas en torno a la educación, desactualización de contenidos, falta de focalización de problemas, desorientación educacional, cambios políticos y de mando, desarraigo social, etc.”
“Por décadas fue cambiando negativamente el proceso educacional del presidente Pedro Aguirre Cerda, convirtiéndose la educación en una mercancía muy apetecida por los poderes económicos”. Recuerda que en las décadas 70 y 80 se avizoraba (atisbaba, acechaba, oteaba o espiaba) el cambio de lo público a lo privado “de manera poderosa” en materia de educación.
Con el correr de los años se empezó a hablar del “mercado educacional”, subvenciones estatales, sostenedores, créditos con aval del Estado, entidades particulares de la educación chilena y colegios subvencionados. Y la raíz de la educación en Chile empezó a cambiar. A fines del 80 y principio de los 90 el dinero comenzó a ser una herramienta vital para los “inversionistas educacionales” y se perdió todo lo avanzado.
Los chilenos nacidos en los gobiernos de Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos, Gabriel González Videla, Carlos Ibañez del Campo, Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende (en que la educación mayoritariamente era gratuita) se fueron convirtiendo en padres mantenedores educacionales de sus hijos y en deudores de créditos universitarios en conjunto con ellos. “Eran padres que sufrieron en carne propia cómo se mermaba significativamente el desarrollo familiar por priorizar económicamente la educación de sus hijos”, dijo.
Sus contenidos básicos, extemporáneos e inadecuados hicieron que la brecha social entre ricos y pobres fuera enorme, en relación a países de la región y a naciones desarrolladas en Europa y Asia. Los niveles educacionales de los educadores públicos eran de muy baja calidad, a excepción de los privados que casi siempre estuvieron en un nivel superlativo en relación a sus colegas públicos.
GRAVEMENTE
ENFERMA
Relata: “Por aquellos años las condiciones estructurales de la educación (escuelas, colegios, centros de formación técnica y universidades) eran de baja calidad y estaban alejados de los estándares mundiales. Fue la época en que la educación pública ya había enfermado gravemente y estuvo a punto de ingresar en la UTI. La Educación Pública empezó a morir, tal como ocurrió con la desaparición de los trenes en la época de Pedro Aguirre Cerda. Todos los durmientes y rieles de la enseñanza se fueron deteriorando por falta de mantención y trabajo. Hoy, casi todos decimos que el actual sistema educativo chileno no educa, es mediocre y sólo provoca deudas”.
Sin embargo hoy, arriba del tren de la esperanza el berrinchero cargado de rabietas espera que “la justicia social haga de nosotros una sociedad más hermosa y principalmente más educada donde absolutamente todos tengamos los espacios necesarios de desarrollo y progreso”.
Pese a la irritante situación en el horizonte ya empieza a observar nuevamente el humo de la locomotora que lo hace soñar con una nación educada, participativa, no excluyente y por cierto llena de vida. (¿O tal vez seguiremos jugando al compra-huevos por varias generaciones más?), pregunta.
Labels: Presidente Piñera y la Educación

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