CATÓLICOS RECUERDAN A TODOS LOS SANTOS Y DIFUNTOS



RICARDO TORRES PEÑA
PERIODISTA INVESTIGADOR
Pasado mañana, martes 1 de noviembre, se celebra la Solemnidad de Todos los Santos y el miércoles 2 la conmemoración del Día de los Fieles Difuntos. Numerosos fieles, constantes en sus ideas, afectos u obligaciones, acudirán a los cementerios a orar por el eterno descanso de sus deudos y participarán en las misas y responsos que se oficiarán.
Para los católicos el 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, es un día de precepto, norma u orden. Es decir, es obligación asistir a misa, porque en esta festividad se recuerda a todas aquellas personas que vivieron una vida llena de fe y testimonio cristiano, aunque no hayan sido reconocidas canónicamente como santos, pero que fueron un ejemplo para los suyos.
En el mundo en que vivimos hay millones de cristianos anónimos –no sólo sacerdotes y religiosas- que actúan como santos y han dado esos testimonios cristianos, aunque son conocidos sólo en sus círculos más inmediatos. A estos santos los celebra la Iglesia cada 1 de noviembre.
Otra fiesta de “guardar” es el 2 de noviembre, en que la Iglesia conmemora a todos los fieles difuntos. Por tratarse de un día que no es feriado religioso, se acostumbra aprovechar el día anterior –sí es feriado- para visitar los cementerios y recordar a los fallecidos.
Este culto se basa en la firme convicción cristiana de la resurrección de los muertos. Visitarlos en sus tumbas y rezar por ellos es una forma de renovar lo que ellos sembraron. Acudir al cementerio es una celebración muy familiar y comunitaria, en la que grupos de familias y comunidades van a expresar su confianza en la resurrección, a implorar misericordia para sus deudos y, sobre todo, a agradecer lo que Dios les dio. Nadie, ningún grupo familiar, olvida llevar flores.
EN IQUIQUE
Según los relatos familiares, en Iquique el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, era una de las fiestas más importante de los antiguos pobladores. Las otras dos eran el 18 de septiembre y la Navidad, por el nacimiento de Jesucristo, el 25 de Diciembre.
Sin embargo, la celebración del día de los muertos nace con otro objetivo, según la iglesia Católica: “Desde que el Papa Bonifacio IV en el siglo VII, estableció la festividad de todos los santos, ha sido costumbre general entre los pueblos cristianos concurrir a los cementerios a visitar las tumbas de sus antepasados y adornarlas con flores”.
Los santos son demostraciones fehacientes de que el mensaje del evangelio no sólo ha sido proclamado, sino también escuchado y puesto en práctica. Según la historia, antes de 1541 existían tribus, lenguas y quehaceres diversos, pero no un “reino de Chile”. Este fue engendrado, apadrinado y educado por la fe católica y sus legítimos representantes desde los primeros momentos de su vida.
Desde los mismos albores del “reino” hubo sacerdotes, misas y catequesis. Y esta presencia de la Iglesia continúa en forma muy estrecha durante la vida de los chilenos. Los santos en Chile son un signo de que la fe no fue impuesta a la fuerza, sino que dio fruto y fue ratificada por una vida de fe.
Así lo señala la revista de antropología y cultura cristiana de la Pontificia Universidad Católica, al referirse al renovado interés por la historia de Chile que ha suscitado el Bicentenario y que también ha removido el recuerdo de los santos y santas que han dejado su huella en dicha historia.
De acuerdo con la historia en Chile tenemos pocos santos, Santa Teresa de los Andes y San Alberto Hurtado. Son ellos los canonizados, los que han pisado la última grada del proceso de canonización, pero en una grada inferior están los beatos, como Laura Vicuña; más abajo los venerables y los siervos de Dios; y finalmente los más atractivos, los que simplemente gozan de “fama de santidad”. Se habla de ellos, se los menciona, quizás se los invoca, pero nadie los ha puesto aún en una lista oficial.
Teresa de Los Andes o Juanita Fernández Solar fue canonizada por el Papa Juan Pablo II el 21 de marzo de 1993, por ser una santa joven, enteramente normal y equilibrada, sencilla, alegre, deportista, simpática, que amó y vivió plenamente la vida, regalo de Dios.
Fotos:
1.-
Alberto Hurtado, un hombre santo que continuó las enseñanzas de Cristo en el amor por los más pobres y desvalidos.
2.-
La tradición de asistir al cementerio a rezar por las almas de quienes abandonaron este mundo está acompañada de un profundo sentimiento de devoción.
3.-
Los familiares van a las tumbas, las adornan, recuerdan, agradecen los aspectos positivos del difunto y sus anécdotas. Y vuelven a tenerlo presente.

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