Duras críticas recibió Pablo Valenzuela, pero culpó a políticos locales que sólo se preocupaban de cortar cabezas, perseguir a la gente, impedir nuevos liderazgos y trabajar para sus propios intereses, lo que es muy grave. La acusación la reiteró Juan Marroquín, presidente regional del PPD y Francisco Prieto, concejal PPD, ambos lo acusaron de no haber tenido una buena relación con el partido y desinterés por trabajar unidos. El presidente provincial del PDC, Héctor Jofré, dijo a la prensa que busca culpables donde no existen y la concejal de Alto Hospicio, Rosa Pérez, lo acusó de haber cometido abandono de sus deberes.
El cambio alcanzó espectacularidad; se veía venir, pues en Tarapacá la Concertación perdió todas las alcaldías, siete comunas en total, derrota que provocó la ira política en Santiago. Para los analistas el intendente no pudo ser un líder regional ni impidió los desequilibrios políticos; no fue figura política con liderazgo, con capacidades técnicas, con un espíritu de servicio público a toda prueba y precaución por las tareas y retos que emergen en una región con problemas. Algunos manifestaron que los intendentes también deben estar dispuestos a ondear banderas de lucha y resolver las injusticias que aún persisten en la sociedad. Los más criticones señalan que Valenzuela mantuvo demasiada cautela, gobernó con mucho cuidado, fue muy receloso, suspicaz y desconfiado de quienes están al lado del Gobierno.
Un intendente debe realizar debates de ideas, de proyectos, de visiones y de apuestas en lugar de discusiones sin importancia. Debe conquistar espacios y ejercer la autoridad y el poder. Exhibir una propuesta amplia de desarrollo regional, unir a los partidos políticos y acercarse al dinamismo ciudadano y a las redes que allí coexisten.
Muchos intendentes -hombres y mujeres- han pasado como un relámpago por la Intendencia Regional sin ejercer liderazgos ni exhibir objetivos claros. No fueron líderes ni estuvieron en el centro del volcán o debates. No fueron firmes impulsores de los procesos de desarrollo social. Se olvidaron de armonizar políticas públicas y fiscalizar la consolidación de proyectos aprobados por el CORE. No hicieron sentir su labor de gobernante.
Los nuevos intendentes tendrán que aprender, de aquí para adelante, que el territorio y la comunidad es un todo. Que están obligados a que el Gobierno Regional trabaje en forma más efectiva con el conglomerado ciudadano. Es lo que exige la Presidenta, mejorar la política, no confundir la ciencia que trata del fundamento y desarrollo de la organización y conducción de sociedades humanas con el desorden. Algunos olvidaron que la política es la práctica que se orienta al mantenimiento del poder mediante la forma ordenada de planificar cada asunto. Porque el orden es poder. Y en Tarapacá no ha habido disposición, métodos adecuados, contactos inteligentes y verdaderos con la comunidad. Ahí está el poder, pero hay que acercarse a él y saber administrarlo. ¡Quién lo sepa administrar pasará a la historia como un buen gobernante regional!
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